Si algo caracteriza a Ses Oliveres es su capacidad de sorprender a sus comensales con propuestas que no forman parte de la carta fija, sino que llegan como un regalo inesperado. Son platos puntuales, pensados para aprovechar el mejor producto del momento y darle un giro creativo que los convierte en experiencias memorables. Propuestas que hacen que cada visita sea diferente y que invitan a repetir, porque nunca se sabe qué delicia puede haber en la pizarra de sugerencias.
Una de las sugerencias más originales que nos gusta poner en la mesa es la ortiga de mar, una planta acuática muy rica, con sabores muy marinos y que, o frita o en revuelto, sorprende mucho por su delicadeza.

Entre las más celebradas está la puntillita frita, también conocida como calamarito o chopito, que se disfruta especialmente como entrante ligero. Su textura crujiente y sabor delicado la convierten en un bocado perfecto para compartir al inicio de la comida. Otro ejemplo de originalidad es la alcachofa confitada con emulsión de berberechos y beurre blanc, una fusión sorprendente que combina tierra y mar con un guiño a la cocina francesa.
La gamba, otra de nuestras protagonistas
El mar también inspira creaciones como el tartar de gamba panxuda, una variedad poco habitual que destaca por la suavidad de su carne y que ofrece una experiencia distinta para los amantes del marisco. Y para quienes buscan algo más crujiente, la gamba roja de Sóller frita con limón propone una versión inesperada de este producto emblemático de la isla, aportando frescura y sencillez.
La creatividad llega también con el pulpo mar y montaña, un plato que combina pulpo con panceta a baja temperatura, butifarrón y mojos de colores. Tradición mallorquina y técnicas modernas se dan la mano para crear una propuesta única y llena de carácter.
Estas sugerencias aparecen de forma puntual, y esa es precisamente su magia: probarlas es un privilegio del momento, un recuerdo que se lleva quien se sienta a la mesa esos días especiales.