Nuestra sugerencia de hoy: zamburiñas a la plancha

Zamburiñas a la plancha sobre lecho de sal marina gruesa

En Ses Oliveres, cada plato nace con una premisa clara: dejar que el mar hable por sí solo. Y pocas elaboraciones lo consiguen tan bien como este emblemático bocado que llega a la mesa sin artificios, pero con toda la fuerza del Mediterráneo. La imagen muestra una de esas preparaciones que sorprenden por su aparente sencillez y que, sin embargo, concentran técnica, delicadeza y respeto absoluto por el producto: unas zamburiñas a la plancha, servidas sobre un lecho de sal marina y acompañadas de un gajo de limón que potencia su naturalidad sin eclipsarla.

El carácter de este plato reside en la frescura del molusco, seleccionado diariamente según disponibilidad y calidad. Las zamburiñas, primas delicadas de la vieira, destacan por su carne firme, sabrosa y ligeramente dulce. Su tamaño menor intensifica el sabor y permite una cocción muy precisa que en Ses Oliveres se trabaja con cuidado milimétrico: un golpe de plancha lo suficientemente fuerte para sellarlas y realzar su jugo, pero sin llegar a endurecerlas. El resultado es esa textura sedosa que se aprecia en cada pieza de la imagen, brillante y jugosa, un auténtico homenaje al producto.

Y así las presentamos en la mesa

El contraste visual del plato responde a una intención clara: la vajilla oscura, la sal en escamas y las conchas abiertas no solo enmarcan el alimento, sino que lo realzan, evocando el entorno natural del Port de Sóller y su tradición marinera. No es casualidad que, en un restaurante ubicado frente al mar, estas propuestas sigan siendo una de las favoritas entre quienes buscan sabores puros y elaboraciones honestas.

Nutricionalmente, las zamburiñas aportan proteínas magras de alta calidad, un contenido bajo en grasa y minerales esenciales como hierro y selenio. Son una opción ligera, saludable y perfecta tanto como entrante marinero como para compartir acompañadas de un vino blanco seco, preferiblemente local: un malvasía de la Serra de Tramuntana o un blanco joven con buena acidez que limpie el paladar y acompañe la salinidad natural del plato.

En Ses Oliveres, este tipo de elaboraciones recuerdan por qué la gastronomía mallorquina tiene una identidad tan marcada: porque respeta el territorio, celebra su materia prima y convierte cada bocado en un pequeño viaje al mar que nos rodea.

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